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domingo, 12 de marzo de 2017

CARTOGRAFÍAS DEL HORROR: MEMORIA Y VIOLENCIA POLÍTICA EN AMÉRICA LATINA




Un torturador no se redime suicidándose, pero algo es algo.

Benedetti, M. 1995, 111


Por María Esther González Ayala

México, 4 de marzo de 2017.-  El pasado 2 de marzo de este año, el Colectivo de Reflexión e investigación sobre movimientos armados, historia y memoria en América Latina de México, nos recuerda, en su tercera participación de investigación con la obra “Cartografías del horror: memoria y violencia política en América Latina”, un fenómeno cultural del que poco se ha hablado:  La violencia política en Nuestra América. 

La aportación colectiva, presenta diversa discusión teórico metodológico, de inmersión interdisciplinaria y transdiciplinaria, que rompe muros por las similitudes y diferencias de la intensidad regional sobre las masacres ocurridas en distintos países latinoamericanos, a mitad del siglo XX.

En el evento estuvieron presentes, dos de los autores de la obra, el Mtro. Rigoberto Reyes, el Mtro. Yllich Escamilla, y como ponente, invitado, el Dr. Juan Soto Ramírez, investigador en Antropología Social de la UAM, quien tradujo la obra a manera de una apología del dolor, un ejercicio sistemático y una estrategia en contra del cuerpo, que da como resultado, la impotencia por parte de las víctimas, o el cinismo de aquellos quienes ejercen la fuerza. 

“Una guerra no sólo física, sino psicológica y además discursiva, dijo, ya que es una poética del terror por paradójico que pueda resultar el término, describe cicatrices que no significa que, aunque hayan cerrado, se hayan sanado.”

El investigador en Antropología social, arrojó dos preguntas a los estudiantes sobre: ¿En qué se convierte un movimiento armado si opta por las mismas estrategias del estado?  Y ¿Si cabría la posibilidad de una violencia legítima y otra no?, puesto que no sólo existen víctimas de la guerra de la resistencia, sino además víctimas, producto, por ejemplo, del paramilitarismo y el narcotráfico. 

En un momento de violencia, el que ejerce la fuerza no está en un estado de reciprocidad, la suposición de un contrato social en esos momentos es completamente absurdo. “Víctima y verdugo no constituyen una pareja social” (SofsKy, W. 2006, 90) Además, “un torturador no tiene nada que temer, y por tanto no necesita adoptar la perspectiva del otro.”

La cartografía no restrictiva, como lo describen los escritores, muestra la invisibilidad depredadora recordándonos: a Zygmunt Bauman (1988), que no necesariamente debemos ser prisioneros de nuestro pasado porque la historia humana no está determinada por sus etapas anteriores, no obstante, la investigación muestra que en estas dicotomías de la historia cada intersección de caminos nos puede llevar a diferentes futuros. 
 
La cultura memorialista, nos permite cuestionarnos que, si bien podemos ser sujetos con elección, tendríamos que preguntarnos ¿qué elegir? ante los actuales momentos de incertidumbre, ya que, en el marco de nuestras posibilidades legales, existen razonamientos impunes que no siempre permiten la defensa con certeza de los verdaderos principios humanos universales que en algún momento creímos inherentes al hombre.

Aquellos que gracias a la demencia cultural o en su caso a la impunidad omnipresente, se han desdibujado, salvo por esa autodeterminación de los pueblos rescatada a través de la memoria.
Preguntarse a su vez, sobre los fracasos políticos de estos movimientos, puede resultar, absurdo, sino es que hasta imprudente, puesto que llevando al extremo la reflexión de la pertinencia de la guerrilla en cualquier lugar, el valor sobre ese ejercicio, no se mide por su poder de destrucción, de desgracia o de cataclismo, sino como portadores de significados políticos, entre juegos de relaciones de poder y sujeción, que provocaron cambios efectivamente significantes.

Haciendo énfasis en su forma dicotómica de la memoria, la obra problematiza, de manera inductiva, entre memoria del elogio, memoria de denuncia, a memoria victimizante, aquella que incluso puede llegar a despolitizar la militancia, o bien aquella memoria que subsana daños en la salud, a manera de placebo, pero siempre como “una incitación poderosa para mantener la lucha contra las injusticias, el dominio y el oprobio”.

 El colectivo con ésta puesta, complementa a esta fecha, tres trabajos sugestivos, como en su momento lo fue el coloquio: Liga Comunista 23 de septiembre en sus 40 años de fundación: Memorias, archivo y balance histórico celebrado en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, presentado en 2013.

 A partir de ese encuentro, el siguiente trabajo, fue la publicación de su primera obra intitulada: La “Liga Comunista 23 de septiembre.  Cuatro décadas a debate: Historia, memoria, testimonio y literatura”, ejemplar creado con la colaboración de instituciones universitarias públicas y por último la edición aquí presentada. 

Una Cartografía regional con memoria de horror, que pone en relieve discursos hegemónicos, “hagiográficos y victimo lógicos”, resultado de la experiencia de autores como Jorge Iván Puma Crespo, Víctor Martínez Osorio, Mariana López de la Vega, Allier Montaño, Rigoberto Reyes Sánchez, Yllich Escamilla Santiago, Feliciano Mejía entre otros, editado por Taller editorial Casa del Mago, en Guadalajara, Jal. México.







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