Por
María Esther González Ayala.
México,
D.F. 21 de noviembre, 2014.- La Universidad Autónoma Metropolitana,
unidad Iztapalapa, y la escuela Carlos Septién García, a través de María
Esther González Ayala (egresada de ambas casas de estudio, realizaron el ciclo
de conferencias literarias “JuntaVersos”, durante los días comprendidos entre
el 20 y el 23 de octubre, en el auditorio 1 del edificio “C” de la UAM, Unidad
Iztapalapa, en favor de la reproducción y fomento de la cultura literaria.
En
dicho ciclo contamos con la presencia de un invitado de honor, el periodista
y escritor René Sadot Avilés Fabila (profesor distinguido de la
UAM, Premio Nacional de Periodismo 1994, Medalla Bellas Artes 2014, y
quién en fechas recientes recibió la Medalla al Mérito de la Artes, de la
ALDF).
Las
ponencias literarias fueron a cargo de literatos de gran trayectoria,
pertenecientes al Taller JuntaVersos, un grupo de creadores bajo la dirección
del poeta uruguayo-mexicano Saúl Ibargoyen; colectividad dedicada a la
realización de talleres de poesía y a la difusión de literatura. Los
ponentes que participaron en este ciclo fueron los escritores y poetas Juan
Carlos Castrillón, Ulises Paniagua, Takeshi Edmundo López, Hilda Ereiva Páez y
José Luís Megchún,
Ulises
Paniagua, narrador, poeta y videasta, presentó el libro Réquiem por un suicida
(Sediento Ediciones) del maestro René Avilés Fabila; libro cuya edición
original se realizó a través de un e-book, en España, en el año 2013.
Paniagua comentó que la novela escrita por el profesor Avilés es una
aproximación a lo erótico y lo tanatológico del suicidio; a lo mitológico en la
orientación hacia una mejor calidad de vida; o bien, al derecho de cada
quien para decidir sobre su propia muerte. Pues como comenta el autor de
Réquiem por un suicida: “hasta al suicidio le han quitado la belleza”. A lo que
agregaría: no sólo al suicidio se le ha quitado la belleza, sino a la misma
muerte; porque aunque en México muchos la veneramos, en realidad ¿quiénes
somos capaces de soportarla?
“Morir
de pie o vivir de rodillas”, comenta Paniagua como paradoja lanzada por el
autor; el suicidio como encanto --o desencanto para quienes
realmente no lo desean--. Pero, ¿qué es el suicidio? ¿Una puerta
fácil o una heroica huida? ¿A qué se debe ese misterio -mezcla de fascinación y
repudio- que despierta en la gente? Preguntas de reflexión que hace el
presentador y que buscan respuesta entre la incertidumbre, en medio de una
tiniebla metafísica que sigue condenándonos a la ceguera. Continúa: René
Avilés Fabila, con la prosa deliciosa e irónica que lo caracteriza, construye
una apología crítica sobre el suicidio; acto al que se entregaron una gran cantidad
de autores –ya sea por depresión, o bien como un medio de redención espiritual.
Entre estos autores se encontraban, Virginia Woolf, Cesare Pavese,
Sylvia Plath, Anne Sexton, Jack London, Ernest Hemingway, Vladimir Mayakovski y
Jaime Torres Bodet.
Por
su parte, el profesor distinguido René Avilés caracteriza su novela como una
obra netamente científica, pues lo llevó a realizar investigaciones más allá de
las esperadas, al tal grado que se convirtió en un verdadero
apologista y experto en el suicidio; al punto que le telefoneaban para
consultarle acerca de la temática. Más adelante, el presentador del libro
comenta: ¿Qué es lo correcto, después de todo? En esa infinita sabiduría
adquirida a través de jornadas de lectura, y en ese malicioso oficio ejercido
durante años, queda de manifiesto la poderosa visión de este autor (Avilés
Fabila), quien para beneplácito de la Historia de la Literatura Mexicana
quedará inscrito en la memoria más allá de Ésa generación “de la onda”, en la
que Margo Glantz quiso encasillar a una serie de autores talentosos y
propositivos, por desconocimiento o por pura superficialidad. Así como el
doctor René Avilés Fabila lo refiere en una entrevista, “la Glantz pretendía
ser una crítica literaria aguda e innovadora, cuando ella era mejor analizando
a los clásicos.”
Por
otro lado, el suicidio es un tema muy necesario para traer a discusión sin
duda, por el momento que vivimos, por los constantes muertos y desaparecidos,
no sólo de Ayotzinapa, sino de la historia reciente en México. En la
espera y en este proceso de búsqueda o etapa de investigación sobre
la muerte de los parientes muertos o las desapariciones forzadas, ¿quién evita
que los padres no vivan un suicidio obligado por el estado? ¿Acaso la
espera no es en este caso un suicidio lento, que por negligencia e impunidad
del gobierno provoca constantemente violencia simbólica en cada uno de los
familiares de los desaparecidos, ante la incertidumbre de los acontecimientos?
Como
bien lo expone René Avilés en el inicio de su novela: Nunca supe cuándo comencé a pensar
en el suicidio, quizás una noche después de una representación teatral en París
o en el momento en que aterrorizados, prácticamente desarmados, heridos y
derrotados huíamos de las tropas antiguerrilleras en Guerrero. Pensar en el suicidio como
un medio para evitar el dolor o el terror ocasionado por miedo a ser
lastimado, es también un suicidio obligado.
En su ponencia Lo inasible de la
Poesía, por su parte, Ulises Paniagua define lo que es un poeta, cómo
aquél alquimista o mago, aquel que conecta la materia y la antimateria, que
hace un contacto verdadero entre los cuerpos. Declara: El poeta es un
prestidigitador que revela, en un instante asombroso, lo innombrable, el
alumbramiento de Heidegger y el alumbramiento espiritual de Kierkegaard,
fantasía metafórica del chileno Vicente Huidobro.
De acuerdo al poeta uruguayo Saúl
Ibargoyen, el poeta es un escriba, aquel que se ocupa de transcribir la
belleza, de describir el mundo incluyendo sus más fétidos olores; el poeta
recurre a la transferencia, a un talento específico donde sublima la naturaleza
y la realidad; de ahí nace una nueva interrogante: ¿entonces, qué es poesía?
Una interrogante tan antigua como su
práctica y el tratar de conceptualizarla. Refiere Paniagua: resulta tan
inútil como tratar de asir un pez de humo que escapa entre nuestras manos (…)
La poesía per se; está viva y se presenta a cada jornada a los ojos de los
hombres. Está y siempre estará allí, como suelo imaginarlo, la poesía es
un árbol que gira alrededor de nosotros, del cual arrancamos o tomamos alguna
naranja, de vez en vez, mientras sigue girando al alcance de los artistas (…)
¿Hay entonces, en los versos de un autor la preocupación por ascender a
aquello que no puede conocerse, aquello que apenas puede nombrar, incluso
recurriendo a la física y a las matemáticas?, ¿se trata de la búsqueda de la
divinidad o de un arrebato científico?, ¿metáfora metafísica o mecánica
cuántica? Como respuesta, menciona: La poesía es probablemente una, la
desesperación del ser para alcanzar el misterio de su origen y del origen de
las cosas. Concluye que a través de la poesía y del recurso literario, pero
sobre todo a través de la mirada del dentro, estamos por descubrir no el dato
exacto pero sí lo más que se le puede aproximar al origen del universo; no
siempre mediante teoremas o mediante la ciencia, pero lo inasible hace
presencia en al acto poético y en el universo, en el más profundo de los
misterios.
Otro de los conferencistas de este
ciclo, el profesor Juan Carlos Castrillón, escritor egresado de la SOGEM, autor
de varios poemarios y una novela, colaborador en periódicos como el Financiero,
y quien también participa en la Unión Latinoamericana de Escritores
(ULATE), evocó a los poetas malditos: ilustradores de realidades poco
observadas, que con tales discursos poéticos, bien podrían dar nuevas
vertientes a la resolución de problemáticas. No obstante sus poemas subversivos
no se contemplan; actualmente sólo son citados para señalar los movimientos diversos
que los representaron y que ellos mismos rechazaron en su momento, como
calificativos identitarios.
Según Castrillón: Las vanguardias
derriban sistemas culturales, se pasan la moral y las buenas costumbres por el
más oscuro rincón corporal y establecen conceptos en base a su propia rebeldía.
Así es como gira el mundo, o no gira. El ferviente sentido al
acto de apostar siempre a contracorriente de los poetas malditos y así mismo de
este autor de diversos libros, reorganizan la literatura para hacernos sucumbir
en el análisis de lo subjetivo a lo concreto -¿y por qué no?- de los
regímenes estructurales de la lingüística a la verdadera rebeldía,
transmitiéndonos los sentidos desde Francois Villón hasta el mismo Baudelaire,
para despojarnos de la moda narcisista, el hipterismo, como él lo llama,
con las consecuentes y desesperadas “selfies” o existencialismos de
boutique.
La aprendiz de escritora, como ella
se autonombra, Hilda Ereiva Páez, hablando del nerudismo, evocó
firmemente el análisis del chileno Pablo Neruda, transcribiendo su poética a
través de convertirse en la sombra del autor y en el descubrimiento de su vida
y obra. Sus poemas no fueron resultado de casualidades, nos comparte Ereiva, ya
que vivió y creció junto a uno de los mejores amigos del poeta, “su padre” (el
padre de la autora). El tiempo no logró borrar la imagen y recuerdos de
Pablo Neruda, de quién escuché las primeras palabras poéticas, confiesa con
ternura. La profesora Páez imparte el taller de Lectura Universal en el Centro
Regional de Cultura Ecatepec. En radio de internet, frecuencia FM, dirige el
programa Hablando de Arte y Cultura.
Por su parte, el poeta mexicano Takeshi Edmundo López abordó de manera
magistral la mirada selvática y no tan selvática del poeta tabasqueño Carlos
Pellicer, centrando la ponencia en los años de juventud del autor del Canto
destruido; mientras que el escritor José Luis Megchún enfocó su ponencia a
la relevancia feminista en la obra de la escritora chiapaneca Rosario
Castellanos. Así, los integrantes del Taller JuntaVersos nos permitieron
internarnos en la intimidad de los versos y los universos de dos figuras de la
literatura mexicana.
Actualmente al grupo JuntaVersos lo puedes encontrar en las siguientes
páginas de internet: https://www.facebook.com/pages/Juntaversos/172106742963489?fref=tsJuntaversos y http://juntaversos.wordpress.com/.
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