Por
María Esther González Ayala
México,
D.F. 18 noviembre, 2014.- El pasado 14 de octubre alrededor de las 12 horas,
los hijos de Jorge Alberto Ojeda Valdez (de un año once meses) y Arturo
Domínguez Hernández (con apenas dos años de edad) fueron encontrados en la
calle y a punto de bajarse la banqueta, esto fuera de las instalaciones del Centro
de Desarrollo Infantil (CENDI) No. 2 de la Universidad Autónoma Metropolitana, situado
en Av. Javier Rojo Gómez No. 1223, de la colonia Barrio San Pedro de la
Delegación Iztapalapa.
Los
infantes fueron interceptados por la Sra. Guadalupe Romo, trabajadora del
recinto, quien identificó al niño Kenneth Yassell Domínguez Carranza, ya que
refiere haber convivido con Arturo Domínguez padre de uno de los menores.
Una
vez que la señora Romo identificó a los chiquillos, éstos fueron reingresados al
CENDI con su maestra, encargada de la sala, Jessica Rocha, quien no dio aviso a
los padres sino hasta un día después del incidente por supuestas órdenes de las
autoridades; los padres arguyen gran enojo, ya que fueron las autoridades del
parvulario, quiénes informaron a los padres un día después y aludiendo a que ese día habían tenido muchos
asuntos que arreglar y por eso no habían sido informados. “Como si la seguridad
e integridad de nuestros hijos fuera asunto menor”,
argumentó Jorge Ojeda, padre del menor Braulio Alejandro Ojeda Cid.
Ante
los hechos, los tutores levantaron una denuncia interna el 17 de octubre dirigida
al M. en C. Norberto Manjarrez Álvarez, secretario general de la UAM. En esta y con fecha de recibida el 20 de
mismo mes, los suscriptores imputan como
la primera responsable: a la Lic. Aimee Osorio Mendoza, directora del Plantel y
como segundos responsables al Dr. Francisco Domínguez, Jefe de Higiene y
Seguridad (del CENDI, de la UAM-I); La maestra Laura Delgado Díaz), encargada del área de Pedagogía, a la titular
de la sala Maternal B1, la maestra Jessica Rocha, así como a sus asistentes; esto
último en virtud de que observaron una falta de organización o ausencia de
personal capacitado.
En un
segundo párrafo de esa misma acta, solicitaron
una investigación pertinente para conocer a los responsables de la seguridad en
general, así como la intervención de las comisiones de Higiene y Seguridad de
la parte sindical como la parte administrativa de la universidad, para que
regulen los servicios de vigilancia.
En
contraparte, después de más de cinco días establecidos para orientar o dar a
conocer las decisiones tomadas de parte de la rectoría, el día 27 de octubre
ambos padres reciben contestación vía escrita, misma en la que se arguye
preocupación de la situación y se instruyó a las autoridades correspondientes para
que se tomen las medidas pertinentes a fin de evitar nuevos incidentes e
integrar en la oficina del abogado general la documentación e información de
los hechos y el deslinde responsabilidades.
Los
papás al ser entrevistados, aún molestos
por la gravedad de la problemática, −aunque refieren que no pasó a
mayores “por suerte”−, sienten no haber recibido real contestación a sus
cuestionamientos; exponen que existe negligencia por parte de la directora, que
no sería justo que los correctivos los aplicaran sólo a trabajadores de base. Lo
justo sería –dicen– que la directora también como copartícipe responsable de
este asunto, fuese cesada de sus funciones.
La
Sra. Velia Mercedes Flores una de las vigilantes en turno del centro, realizó
una declaración por escrito sin fecha, en ella afirma “no ser la culpable”, por tanto solicita la revisión de su caso, ya
que a partir del incidente, le fue
levantada un acta administrativa en su contra. Además expone irregularidades por acciones que van desde la falta de
comunicación, organización, difamación, discriminación, división, acoso, así
como desconocimiento de funciones por parte del jefe de Servicios Generales e
inclusive la revelación de
falsos en la realización de reuniones laborales del jefe sin haberlas realizado
en realidad e indica haber obtenido instrucción u orientación del
vigilante de la policía privada, el Sr. Enrique Trinidad, mismo que fue trasladado a otro lugar después del
suceso.
Además
menciona que: “Desde el filtro no se ve la puerta de emergencia, por lo que en
unos cuantos minutos y con la puerta sin reparar, cualquier niño puede llegar a
la calle fácilmente”.
Según
advierte la señora Flores se protege al jefe de vigilancia, quien debió
arreglar la puerta, abandonó irresponsablemente el filtro; dejó abierta la
puerta de la calle y descuidó sus funciones de dirección, coordinación,
inspección, vigilancia y fiscalización. Al finalizar el documento concluye: “No
soy nadie para decir qué deban hacer con él, pero, por qué yo debo pagar sus culpas”.
Éstas
y otras situaciones de organización manifiestan la endeble capacidad organizativa
e intelectual en la planeación y conducción de grupos laborales, causada ésta probablemente
por un nepotismo que sólo resuelve los problemas en apariencia.
Para
las instituciones públicas, en el caso de la autonomía universitaria, las
condiciones políticas se han modificado. En décadas pasadas estas instituciones
podían ejercer sus poderes emanados desde su propia organización, pero en la actualidad
se imponen normativas a partir del área gubernamental para delimitar cada día
más esa autonomía sin obtener objeción alguna y por el contrario las
autoridades universitarias simplemente aceptan cualquier intervención y la presentan
como la mejor opción.
Este
nuevo momento que vive no sólo la educación en México, sino las institucionalidad
en general, promueve su propio desdibujamiento sino es que hasta su posible
desaparición.
Por
otro lado, en cualquier crisis institucional, se observa una percepción diversa
en quienes la padecen, por lo regular
genera sacrificados que la representan con impotencia (a través de
cansancio, desinterés y hastío), quizá por el hecho de que se encuentran sujetos
a la inmovilidad o pasividad por una dependencia que también los condiciona; el
trabajador normalmente se asume como el afectado, se victimiza a tal punto que
deja de reconocer su propia dignidad. Esa contradicción expresada de manera
catastrófica y dramática es, a su vez, inherente a la estructura del mismo
sistema que lo paraliza. El sistema promueve el momento paternalista (quien
resuelve) y el doliente admite la estructuración incompatible de un sistema
caduco, para posteriormente dar la oportunidad y tolerancia de la autorreproducción
de ese sistema en crisis.
Aunque
el cansancio lo producen los cambios químicos o físicos que experimentan los
nervios y músculos del cuerpo, complican la vida de los trabajadores; el hastío
por lo regular aumenta la dificultad en la vida laboral puesto que este aparece
cuando el trabajador ha perdido interés en su trabajo[1].
Aunado
a esto a partir de que las universidades públicas dejan de lado su autonomía obedeciendo
a políticas simplistas o inmediatas, impuestas por un gobierno que no alcanza a
comprender que su recurso primordial se encuentra en la emancipación
intelectual de sus sociedades o individuos, la planeación estratégica interna se
muestra poco repensada, manoseada por las grandes cúpulas elitistas internas que
de manera corrupta la representan y así cumplen el fin de “chatarrizar” la
educación.
La
anorexia intelectual, como así la llaman algunos académicos, repercute en la
imagen de quehaceres reales de una institución educativa, que dejan de lado (o
en simulación) la verdadera resolución de las problemáticas que acontecen no
sólo al interior de ellas sino en el país en general. La obligación de cada
institución gubernamental es resolver problemas, ya que fueron creadas con el
supuesto fin de regular la democracia[2].
El
mundo interno universitario, a simple vista, no muestra las debilidades
irresueltas en las transformaciones estructurales de un país como México y en
el caso presentado, si el orden institucional no define las reglas como
sanciones externas o valores interiorizados o inclusive sólo las aplica de
manera asistémica o diferenciada,
entonces ¿Cómo puede resultar una institución confiable?
Las
nuevas demandas nacionales, exigen nuevos sujetos en reconstrucción ante las
constantes crisis nacionales, pero los procesos organizacionales actuales, no
renuevan las condiciones y posicionamientos de sus actores, cuando menos no se
observa, es decir, no empodera a los sujetos ante los reclamos de interacción
institucional, sólo los vuelve pobres ante el desamparo de sus propias crisis
existencialistas no resueltas desde la
inaceptación de sus idiosincrasias, pues la institucionalización
homogenizó, toda estructura laboral en la premura de la burocratización y ahora
en respuesta a ello la consecuente violencia en las relaciones sociales se hace
presente para terminar con la poca sustentabilidad de cada organismo, que en el
caso específico aquí mencionado, las relaciones laborales resultan violentas en
algunos casos.
Ludwig
Wittgenstein, por ejemplo: explica que el lenguaje es parte del proceso en la
vida cotidiana que está inmerso en un sistema de prácticas y formas de vida,
formando así un nuevo juego dentro de las relaciones sociales[3], y en el caso descrito,
forma nuevos modos de interpretación de la realidad lo que promueve
desconcentración de objetivos que afectan a la educación.
De esta
manera, el acoso laboral, la violación a la bilateralidad, la dignificación del
trabajo, la reducción presupuestaria, la corrupción o negligencia
administrativa, académica y de investigación, entre otras problemáticas,
confluyen en el proceso de una imagen institucional que delimita por mucho su
esencia, presencia de identidad, que es el ADN de cada institución.
[1][1]
STRAUSS, George. “Los problemas humanos
de la dirección”, La técnica y la
satisfacción del trabajo, Capítulo 2, pag. 38
[2] NACIF, Benito. “Para entender las instituciones políticas
del México democrático, CIDE Núm. 194, mayo 2007, www.libreriacide.com/librospdf/DTEP-194.pdf
[3]
CREGO, Díaz Armando, “K. MARX Y L. WITTGENSTEIN: ELEMENTOS PARA UNA TEORÍA
SOCIOPSICOLÓGICA DEL CONOCIMIENTO”, Universidad Complutense de Madrid,
Facultad de Psicología.
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