Por
María Esther González Ayala
México, 18 de
marzo de 2015.-
- ¿Cómo imaginarte antes compañera?
- ¿Eras
buena?
- Eres mejor ahora
- Tus manos
-De madre
- De hermana
- De hija
- De
novia
- Recogieron el
fusil
- Del comandante
Guevara
- La ternura
atesorada mezquinamente
- Para el
macho se derrama…
Este es uno
de los fragmentos del libro “Guerrilleras” presentado el pasado 12 de marzo, en
la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), el evento tuvo a bien
presentar este libro, en el marco de la constante desaparición y violación de
los derechos humanos que acaece en el país, desde hace varias décadas.
Mujeres con
grandes sueños, muchas de ellas ya
muertas, pero las heridas siguen abiertas porque su legado hiere severamente a
algunos por su estatus quo contestatario, y para otros, por la violencia no
sólo política, sino social con la que fueron tratadas, historias que además
resultan pronunciamientos memorísticos
que refieren un legado cognitivo, que
bien podría formar parte de un discurso patrimonial, ahora inexistente.
Criticadas por
algunos pero admiradas por otros, ellas, mujeres fuertes, mujeres que después
de parir hijos, educarlos y cuidarlos, tuvieron un compromiso no sólo con sus
parejas, sino con una idea de transformación social. Un compromiso civil que nadie las obligaba,
más bien las movía tan sólo el hecho de observar que su país estaba siendo
secuestrado. Hoy mediante la memoria,
reconstruyen una cotidianidad desconocida para los imaginarios más jóvenes.
-
¿Dónde quedó su
hijo?, pregunta una de las hermanas de una exguerrillera, que después de 25
años gracias a las fotografías de los expedientes abiertos de la Dirección
Federal de Seguridad, fue hallada y la cual fue asesinada y torturada junto con
su esposo.
En aquel
entonces (1962 -1982), mediante una doctrina que alentaba el desarrollo de
políticas contrainsurgentes en aras de detener la supuesta expansión comunista para
acabar con los focos de presunta desestabilización del continente americano, mujeres
con hijos e inclusive embarazadas fueron desaparecidas.
La situación
no es muy cambiante, hoy en día el feminicidio se lleva a cabo por tan sólo el hecho de que el Estado permanece
en un aberrante idilio de olvido social, para coadyuvar a un sistema económico
en decadencia, la diferencia entre aquel entonces y hoy, es entre otras
cosas, la cultura de la denuncia y que
ahora las mujeres denuncian sin armas y sin estrategia.
En aquella
época, más de cuarenta organizaciones de movimientos rurales armados
socialistas, y 25 organizaciones político-militares urbanas, cometieron la insolencia ante la dictadura unipartidista,
la cual tuvo como consecuencia la represión, pues el gobierno como ya es su
costumbre, hace uso de la fuerza desproporcionada, según el principio francés de
aquel entonces, de la guerra antisubversiva, “le quitaba el agua al pez”.
Un libro que
recupera el testimonio de las luchas intestinas de la guerra fría, de mujeres que
luchan con coraje hasta sus últimas consecuencias, vivencias que desde el anonimato y la
clandestinidad, muestran fortalezas ante la toma de armas como último recurso
para contender contra un gobierno castrante.
Actualmente,
la presencia de mujeres ex guerrilleras,
resemantiza los procesos históricos, “porque la historia no es como no la
contaron”, comenta una de las ponentes, a pesar de que el sistema las ha vuelto
un mito para evadir responsabilidades, éstas Leónidas valquirias, rompen el
cerco para mostrarnos la otra historia, aquella que no es fácil de abordar, ya
sea por el veto que se le dio, o por lo fuerte del tema e inclusive por
paranoia que sufrieron gracias a la represión, violación, exilio,
encarcelamiento, persecución y desaparición forzada; pues es así como responde
una de ellas ante la pregunta cargada de ¿por qué esperar 30 años para hablar
del tema?
Tradicionalmente
a pesar de que el movimiento resultaba sumamente masculino, la equidad con la
que fueron tratadas por parte de sus compañeros guerrilleros hace suponer que
se vivían momentos de igualitarismo, cuando menos en los movimientos urbanos, ya que por el contexto vivido, no cabía la
diferenciación entre sexos, además de la inmediatez para tomar las armas, ante
la caída de los cuadros varoniles; esto probablemente fue lo que permitió a las
mujeres su ascenso ante la lucha.
Aunque algunos
estudios marcan que la mujer que obtenía logros en la lucha armada era
mayormente reconocida, y que las
estructuras de fondo permitían el desarrollo de condiciones de inequidad, las
mujeres ex guerrilleras mantenían el respeto por la contra parte masculina, sin
perder el objetivo.
Ese feminismo
no teórico sino empírico es quizá el equivalente a mostrar que la mujer de esas
épocas como la actual, es capaz de emanciparse con estrategias no sólo armadas,
sino con estrategias de elocuencia y dignificación, sobre todo mientras exista
la impunidad en un país que poco reconoce a los crímenes de lesa humanidad.
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