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lunes, 23 de marzo de 2015

G U E R R I L L E R A S



Por María Esther González Ayala

México, 18 de marzo de 2015.-  
     - ¿Cómo imaginarte antes compañera?
                         - ¿Eras buena?  
                                          -  Eres mejor ahora
- Tus manos
                -De madre
                        - De hermana
                                  -  De hija
                                         - De novia
- Recogieron el fusil
                           - Del comandante Guevara
- La ternura atesorada mezquinamente
                                   - Para el macho se derrama…

Este es uno de los fragmentos del libro “Guerrilleras” presentado el pasado 12 de marzo, en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), el evento tuvo a bien presentar este libro, en el marco de la constante desaparición y violación de los derechos humanos que acaece en el país, desde hace varias décadas.
Mujeres con grandes sueños, muchas  de ellas ya muertas, pero las heridas siguen abiertas porque su legado hiere severamente a algunos por su estatus quo contestatario, y para otros, por la violencia no sólo política, sino social con la que fueron tratadas, historias que además resultan  pronunciamientos memorísticos que refieren un legado cognitivo,  que bien podría formar parte de un discurso patrimonial, ahora inexistente. 
Criticadas por algunos pero admiradas por otros, ellas, mujeres fuertes, mujeres que después de parir hijos, educarlos y cuidarlos, tuvieron un compromiso no sólo con sus parejas, sino con una idea de transformación social.  Un compromiso civil que nadie las obligaba, más bien las movía tan sólo el hecho de observar que su país estaba siendo secuestrado.  Hoy mediante la memoria, reconstruyen una cotidianidad desconocida para los imaginarios más jóvenes.
-           ¿Dónde quedó su hijo?, pregunta una de las hermanas de una exguerrillera, que después de 25 años gracias a las fotografías de los expedientes abiertos de la Dirección Federal de Seguridad, fue hallada y la cual fue asesinada y torturada junto con su esposo.
En aquel entonces (1962 -1982), mediante una doctrina que alentaba el desarrollo de políticas contrainsurgentes en aras de detener la supuesta expansión comunista para acabar con los focos de presunta desestabilización del continente americano, mujeres con hijos e inclusive embarazadas fueron desaparecidas.
La situación no es muy cambiante, hoy en día el feminicidio se lleva a cabo por  tan sólo el hecho de que el Estado permanece en un aberrante idilio de olvido social, para coadyuvar a un sistema económico en decadencia, la diferencia entre aquel entonces y hoy, es entre otras cosas,  la cultura de la denuncia y que ahora las mujeres denuncian sin armas y sin estrategia.
En aquella época, más de cuarenta organizaciones de movimientos rurales armados socialistas, y 25 organizaciones político-militares urbanas,  cometieron la insolencia ante la dictadura unipartidista, la cual tuvo como consecuencia la represión, pues el gobierno como ya es su costumbre, hace uso de la fuerza desproporcionada, según el principio francés de aquel entonces, de la guerra antisubversiva, “le quitaba el agua al pez”.
Un libro que recupera el testimonio de las luchas intestinas de la guerra fría, de mujeres que luchan con coraje hasta sus últimas consecuencias,  vivencias que desde el anonimato y la clandestinidad, muestran fortalezas ante la toma de armas como último recurso para contender contra un gobierno castrante.
Actualmente, la presencia de mujeres  ex guerrilleras, resemantiza los procesos históricos, “porque la historia no es como no la contaron”, comenta una de las ponentes, a pesar de que el sistema las ha vuelto un mito para evadir responsabilidades, éstas Leónidas valquirias, rompen el cerco para mostrarnos la otra historia, aquella que no es fácil de abordar, ya sea por el veto que se le dio, o por lo fuerte del tema e inclusive por paranoia que sufrieron gracias a la represión, violación, exilio, encarcelamiento, persecución y desaparición forzada; pues es así como responde una de ellas ante la pregunta cargada de ¿por qué esperar 30 años para hablar del tema?
Tradicionalmente a pesar de que el movimiento resultaba sumamente masculino, la equidad con la que fueron tratadas por parte de sus compañeros guerrilleros hace suponer que se vivían momentos de igualitarismo, cuando menos en los movimientos urbanos,  ya que por el contexto vivido, no cabía la diferenciación entre sexos, además de la inmediatez para tomar las armas, ante la caída de los cuadros varoniles; esto probablemente fue lo que permitió a las mujeres su ascenso ante la lucha.
Aunque algunos estudios marcan que la mujer que obtenía logros en la lucha armada era mayormente reconocida, y que  las estructuras de fondo permitían el desarrollo de condiciones de inequidad, las mujeres ex guerrilleras mantenían el respeto por la contra parte masculina, sin perder el objetivo.
Ese feminismo no teórico sino empírico es quizá el equivalente a mostrar que la mujer de esas épocas como la actual, es capaz de emanciparse con estrategias no sólo armadas, sino con estrategias de elocuencia y dignificación, sobre todo mientras exista la impunidad en un país que poco reconoce a los crímenes de lesa humanidad.






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